La tradicional cocina romana se ha basado siempre en los productos frescos de temporada que pueden comprarse en los mercados locales. Las setas en otoño, y las alcachofas en primavera, se sirven de muchas formas diferentes, y la “mesticanza”, una ensalada a base de rughetta (lechuga encarnada) y puntarelle (brotes de endivia) está también deliciosa cuando es de temporada (verano).
Muchos de los platos genuinamente romanos van muy condimentados con cebolla, ajo, romero, salvia y laurel. El típico plato romano de carne, basado en el “quinto de quarto” - cabeza, rabo, pezuñas, etc se sazona con aceite de oliva, hierbas y panceta. El “pecorino”, queso ácido de cabra, suele rallarse sobre los platos como condimento, y el “ricotta” se utiliza en las pizzas y en el postre romano “torta di ricotta”.
En cuanto a la bebida, el agua de Roma es excelente y la ciudad disfruta de una reserva continua de agua fresca que le llega desde las colinas a través de un sistema de tuberías y acueductos que ha variado poco desde la antiguedad. El café es para los romanos casi más importante que el vino.